No recuerdo cuando fue la última vez que vi tan
rojas las ocho lunas, quizás fue aquella nefasta noche en que El Caos
Reptante caminó entre nosotros y murió la mitad del planeta. Creo fue luego
de que le volaran el pico a nuestra Montaña Negra, cerca de la llanura
de Leng; pero ya estoy viejo. Y en doscientos y pico de años los
recuerdos son híbridos de escenas mal editadas y muchas invenciones Aquella
noche, al igual que hoy ninguna persona había quedado ajena a las libaciones
.Todos habían cumplido con la liturgia pero en el fondo sabíamos lo inevitable
de nuestro destino. Fue una casualidad que lo Innombrable haya estado
entre nosotros y haya sobrevivido la mitad para contarlo, pero hoy el Universo
desde millones de millones de años nos había escupido un meteoro que en horas
nos matará a todos .El miedo obra como el mejor recordatorio para los mortales,
y tal vez algo de fe hubiese servido, pero los pueblos viejos pensamos
demasiado y eso a la larga termina asesinando a cualquier Dios. Me fui de mi choza; sabia ese sería el último
día de nuestra civilización, ¿De qué serviría quedarme con mi familia?
¿Obligarlos a llorar todos juntos? ... Una imbecilidad. En pocas horas cada
poema escrito, esbozado o imaginado ardería. Millones de años de escultura se
desintegrarían en el vacío. Cada idea sería una mera aproximación hasta que
alguna otra civilización de por ahí la atrape en el aire. Y mientras más rojas
eran las lunas, más se veía el halo del meteoro sobre nuestras cabezas y la
gente enloquecía .Lloraba, gritaba. Yo no sabía qué hacer. Si llorar, o no.
Dormirme bajo un árbol. Leer, beber hasta el coma o fumar hasta el cáncer...Así
que no hice nada. Me fui a la vera del lago; y nada más .Las aguas violáceas,
comían como desesperadas las verdes arenas que las contenían. Cada insecto
brillaba de una manera particular, y había un continuo zumbido que obraba como
música de fondo a la inminente muerte. Se sentía en el aire un calor incómodo
que hacía sudar las manos y la espalda .Un vibrar ininterrumpido, propio de que
un proyectil espacial venga directo a golpearte en la cara, hacia caer los
libros de los estantes y que los animales escapen. Es lógico la inminencia de
la aniquilación desató una paranoia e hizo pedazos la razón del pueblo. Los
agentes de la ley dormían, los ladrones rezaban en las cárceles .Los militares
se emborrachaban y el clero trabajaba. Por dentro pensé “Hoy podría hacer lo que
siempre quise y no hay ley que me juzgue” reflexioné unos segundos y reparé
que el deseo venia justamente de la prohibición. Desaparecida la ley, no tenía
emoción el ilícito. Así que ahora era íntegramente libre, pero no sabía para
que…tenía ganas de todo, pero tiempo para nada. Un maldito binomio de
conflictos y cada segundo era uno menos de vida; pero de hecho no era la vida
porque estaba virtualmente muerto ¿Qué iba a hacer? ¿Volar a otro planeta? La
mayoría se esforzaba por hacer obras megalíticas en sus últimas horas. Sobre
todo los artistas plásticos, levantando cuadros enormes de la muerte del mundo
y estatuas horribles. Otros repartían calmantes como para que los demás
muriesen sin conciencia de ello. En pocas horas nada más que unos pequeños
trozos del planeta flotarían a la deriva sin el más mínimo rastro de alguna vez
haber sido habitados, arados o representados en cuadros y poemas. Nada…no iba a quedar nada de lo que era todo. O
sea si la nada viene de la desintegración del todo quiere decir que en algún
momento algo fue , pero si no persiste vuelve a ser nada , entonces tampoco
nunca fue Todo… he aquí el punto .Una roca gigantesca al rojo vivo a cinco mil
millones de kilómetros por hora a punto de reventarme el cráneo y uno abstraído
en esos pensamientos... y para colmo ese zumbido y calor insoportables ….hasta
que cruzando el centro de la ciudad una estatua de Nyarlathotep cayó y esa fue
la última esperanza , podríamos habernos salvado sin ese evento decían. II ¿Benítez, me podes decir por qué el de la
habitación cinco está gritando esas incoherencias otra vez? ¡Esos rezos me tienen podrido! ¿No se cansa
nunca? ¿Me vas a decir que otra vez por estar
boludeando con el celular te olvidaste de medicarlo?—
--¡Este tubo me tiene podrido, todo el día
zumbando, peor que los internados voy a quedar yo!-
Benítez colgó el teléfono y se fue donde su
encargado hablaba con voz alta .Aún dos tres lágrimas lo enceguecían y la
cabeza le corría a un millón de kilómetros. El encargado gritaba y hablaba del
despido , que era la última vez y otras cosas que suelen decir los patrones … a
Benítez el cuerpo le pesaba un millón de toneladas , le corría mercurio por las
venas .La frase de su hermana a través del celular se repetía una , dos ,un
millón , mil millones de veces en sus oídos.
--“Negro estoy en el hospital…Ale se disparó Se pegó un tiro en la cabeza hace dos horas. Los médicos están tratando de ver
si se pueden hacer algo “
El encargado se fue y le dejó una nota de
apercibimiento. Benítez cruzó la puerta cinco tomó al enfermo y lo desató de la
cama. Apagó la calefacción que hacía casi tropical al cuarto y al tiempo que
callaba al interno y le ponía una pastilla en la boca le dijo:
--… decíme Guillermo, ¿Falta mucho para que ese meteorito nos mate a
todos?